
El Reino visigodo de Toledo. Esta es una denominación hoy omnipresente en los manuales de historia, pero plantea una cuestión metodológica interesante: ¿era este el nombre con el que los propios visigodos designaban su reino? O mejor dicho, ¿aparece esta denominación en algún documento de la época de los visigodos o en época cercana a esos tiempos?
Un análisis detallado de las fuentes contemporáneas de los visigodos demuestra que la respuesta es negativa y que esta denominación es un constructo de la historiografía posterior, es decir, una invención que encontramos en los cronicones medievales de los siglos XI y XII, cuatro siglos después del paso de los visigodos por la Península Ibérica, para tratar de otorgar a Castilla preeminencia y antigüedad en el relato histórico hispano. En este artículo lo analizaremos en profundidad.
[Imagen superior: vista de la parte medieval de la ciudad de Toledo.]
¿Qué término exacto encontramos en las fuentes contemporáneas de los visigodos?
La documentación visigótica de los siglos VI y VII —crónicas, legislación y actas conciliares— utiliza de manera casi exclusiva expresiones latinas como "Regnum Gothorum" (Reino de los godos), "Rex Gothorum" (Rey de los godos) o "Gens Gothorum" (Pueblo de los godos). Estos son los términos políticos que aparecen en las fuentes contemporáneas. En cambio, no se conoce ningún documento oficial visigodo que haga mención de "Regnum Toletanum" o "Reino de Toledo". Ni uno solo.
Sin embargo, la ciudad de Toledo es mencionada constantemente en las fuentes, pero no como reino, sino como ciudad ("Toletum", "urbs Toletana"), especialmente porque se nos dice que en ella tienen lugar algunos concilios eclesiásticos. Las actas conciliares, por ejemplo, comienzan con fórmulas como "Apud urbem Toletanam...", es decir, «en la ciudad de Toledo». Estas referencias, por tanto, no nos hablan de la existencia de un reino, sino simplemente de la localización de unos acontecimientos en una ciudad.
Barcelona, sede de la primera monarquía visigoda peninsular
Es bien conocido que el principal centro político visigodo documentado en la Península Ibérica fue el del rey Ataúlfo, establecido en Barcelona entre los años 414 y 415. Así, está muy bien documentado que durante este período Barcelona fue la residencia real de los primeros visigodos peninsulares. Allí residió también Gala Placidia, hermana del emperador romano, y también fue en Barcelona donde nació su hijo, Teodosio.
Además, también está bien reseñado en la documentación que el rey visigodo Ataúlfo fue asesinado en Barcelona. Y que, después de su reinado, Sigerico y Walia siguieron gobernando en esta ciudad durante un tiempo, antes de que los visigodos fueran devueltos a Aquitania, a raíz del pacto del año 418 con Roma.
Barcelona y Tolosa, primeros centros estables del imperio visigodo galo-peninsular
Los expertos nos dicen que a partir del año 418 la principal sede política de los reyes visigodos peninsulares vuelve a la Galia, concretamente a Tolosa. Durante casi un siglo (418–507) la monarquía visigoda tuvo su principal centro de poder en esta ciudad. Esta etapa es la que la historiografía moderna denomina habitualmente "Reino visigodo de Tolosa"; sin embargo, las fuentes siguieron hablando simplemente del "Regnum Gothorum".
Ahora bien, es a partir del año 507 cuando se establece una corte itinerante entre Tolosa, Barcelona, Narbona, Sevilla y Toledo. La derrota frente a los francos en la batalla de Vouillé (507) provocó la pérdida de Tolosa por parte de los visigodos y durante varias décadas la corte visigoda parece haber sido itinerante. Y, de hecho, la mayoría de los historiadores consideran que Barcelona vuelve a recuperar un papel político destacado durante este período de transición.
No será hasta los reinados de Atanagildo y, sobre todo, de Leovigildo, cuando la historiografía oficial hispana nos empiece a hablar de Toledo como una sede estable. No obstante, cuando se analizan las fuentes con detalle, uno se da cuenta de que ninguna fuente contemporánea de los visigodos afirma explícitamente que Leovigildo trasladara la capital a Toledo. Es decir, que asegurar que Toledo era la capital del reino visigodo peninsular es un constructo historiográfico.
La conclusión se basa en un conjunto de indicios: la celebración de algunos concilios en esta villa, la concentración de la administración, cierta actividad de la corte, algunas emisiones monetarias y un protagonismo político creciente de la ciudad. Es, pues, una deducción historiográfica, no un acto fundacional documentado.
Además, nos encontramos con la paradoja de que ni Leovigildo ni Recaredo aparecen en ninguna fuente contemporánea de los visigodos mencionados como "reyes de Toledo". Eso no existe. Los cronistas contemporáneos, como Juan de Biclaro o Isidoro de Sevilla, en los documentos, los llaman simplemente: "rex Gothorum" o bien, simplemente, "rex". Lo mismo sucede con las actas del III Concilio de Toledo. La titulación oficial continúa siendo la de "rey de los godos".
La invención historiográfica del término Reino visigodo de Toledo
Es una construcción historiográfica muy posterior. La necesidad de distinguir entre las diferentes fases de la monarquía visigoda condujo a los historiadores modernos a hablar de "Reino visigodo de Tolosa" y "Reino visigodo de Toledo".
Sin embargo, ¿cuándo aparece por primera vez en un documento una mención a "Regnum Toletanum"? Una investigación historiográfica seria demuestra que "Regnum Toletanum" no aparece como nombre del reino visigodo en la documentación de los siglos VI y VII. La fórmula se documenta mucho más tarde, sobre todo después de la conquista de Toledo a los sarracenos por parte del rey Alfonso VI de León (1085), pero referida a un nuevo Reino de Toledo, no al visigodo. He aquí la trampa que han hecho los historiadores nacionalistas españoles. Es decir, existe la mención del reino, pero ya nos está hablando de un reino muy posterior, integrado en la monarquía leonesa y castellana.
En resumen: las menciones al "Reino de Toledo" no las encontramos hasta los siglos XI y XII d. C. y, además, no hacen referencia a los visigodos, sino a la monarquía medieval leonesa-castellana.
Así, la aplicación retrospectiva y sistemática del nombre de este reino medieval a los visigodos peninsulares corresponde a la historiografía hispánica de los siglos modernos, que en un intento de hacer preeminente la presencia castellana, se inventó el nombre de un reino visigodo que no aparece en ninguna fuente contemporánea.
Todavía hoy no existe un estudio clásico que identifique con precisión al primer autor que utilizó sistemáticamente la expresión "Reino visigodo de Toledo". Aunque diversos historiadores han estudiado la construcción de la ficción del Reino visigodo de Toledo. El historiador catalán Flocel Sabaté, por ejemplo, demostró cómo la historiografía castellana medieval, especialmente a partir de Rodrigo Jiménez de Rada, convirtió Toledo en la gran capital histórica de la monarquía hispánica y en símbolo de la continuidad entre los visigodos y los reinos cristianos.
Esta línea de investigación no niega que la villa de Toledo como tantas otras, pudiera haber tenido cierta importancia en tiempos de los visigodos, sino que analiza cómo su valor político y simbólico fue reforzado por los cronistas medievales y por los académicos contemporáneos, de manera interesada y con evidentes intenciones políticas, para reforzar el papel de Castilla en la historia peninsular.
En cambio, otros historiadores catalanes, como Ramón de Abadal y de Vinyals, han reivindicado la importancia de Barcelona durante los inicios del dominio visigodo. Actualmente está ampliamente aceptado que Barcelona fue la primera sede real visigoda documentada en Hispania. Y en este punto sí puede hacerse una afirmación rotunda. Y Barcelona volverá a desempeñar un destacado papel político después del año 507 d. C. Sin embargo, la historiografía académica actual no suele hablar de un "Reino visigodo de Barcelona" como entidad diferenciada, por el hecho que no existe registro contemporáneo del mismo. En cambio, estos mismos expertos no tienen ningún problema en seguir hablando, con toda seriedad y contundencia, de un inventado "Reino visigodo de Toledo".
Barcelona, al igual que Toledo, es mencionada como ciudad en la que se celebran importantes concilios en los años 540 y 599. Las actas hablan del "Concilium Barcinonense" o indican que el concilio se celebra en Barcelona. Pero nunca hablan de un "Regnum Barcinonense" o Reino visigodo de Barcelona. Esto no significa que Barcelona no fuera la capital del reino de Ataúlfo. Simplemente, significa que no disponemos de un documento contemporáneo que nos certifique un "Regnum Barcinonense", del mismo modo que tampoco lo tenemos para Toledo.
En definitiva, con los documentos existentes hoy, no podemos demostrar de manera inequívoca si existió oficialmente un "Reino visigodo de Barcelona" o un "Reino visigodo de Toledo", sino que únicamente podemos tratar de establecer cuándo puede hablarse propiamente de un "Regnum Gothorum" peninsular o Reino peninsular de los godos. Según la interpretación mayoritaria, este reino se habría consolidado con el establecimiento en Tolosa, después del pacto del año 418.
Con todo, otras interpretaciones consideran que la monarquía visigoda ya existe con Ataúlfo y que, en consecuencia, Barcelona representaría la primera sede peninsular del "Regnum Gothorum". Y eso es cierto y está bien detallado en los documentos. Sin embargo, las fuentes antiguas no resuelven esta cuestión de manera explícita.
La documentación conservada permite afirmar con bastante seguridad cuatro hechos siguientes: los visigodos llamaban a su Estado "Regnum Gothorum"; las fuentes contemporáneas de los visigodos no documentan el nombre oficial de "Reino de Barcelona" o "Reino de Toledo". Toledo se convirtió gradualmente en una ciudad con cierta importancia dentro del territorio de los visigodos peninsulares, como también ocurrió con otras villas.
La expresión "Reino visigodo de Toledo", por tanto, es una invención historiográfica moderna que no se corresponde con la terminología utilizada por los propios visigodos.
El "Regnum Tolosanum" o Reino de Tolosa, una certeza documentada
Cuando se habla de los visigodos es habitual encontrar expresiones como «Reino de Tolosa» o "Regnum Tolosanum". Sin embargo, esta denominación plantea una pregunta interesante: ¿era este el nombre oficial del reino o es una manera de referirse a él creada por los cronistas? Las fuentes conservadas permiten dar una respuesta bastante precisa.
Después del acuerdo establecido con el Imperio Romano en el año 418, durante el reinado de Walia, los visigodos se asentaron en Aquitania y establecieron su principal centro político en Tolosa. Desde esta ciudad gobernaron durante cerca de un siglo, en un período que vio la expansión de su dominio tanto por el sur de la Galia como por una parte importante de la península Ibérica. Reyes como Teodorico I, Eurico o Alarico II ejercieron su poder desde Tolosa, que se convirtió en el principal núcleo político de la monarquía.
A pesar de esta realidad, la documentación oficial de los reyes visigodos no designaba su Estado como «Reino de Tolosa». La titulatura habitual seguía siendo "Rex Gothorum" (rey de los godos) y "Regnum Gothorum" (Reino de los godos). Como sucedía con otras monarquías germánicas de la Antigüedad tardía, la legitimidad del soberano no se vinculaba a una ciudad o a un territorio, sino al pueblo que gobernaba.
La primera vez que aparece conservada la expresión "Regnum Tolosanum" se encuentra en la "Chronica Caesaraugustana", también conocida como "Consularia Caesaraugustana". Esta crónica, redactada en Hispania durante el siglo VI, recoge los principales acontecimientos políticos de la época en forma de breves anotaciones cronológicas.
En la entrada correspondiente al año 507, después de describir la derrota del rey Alarico II frente a los francos en la batalla de Vouillé, el cronista escribe: "Alaricus rex in proelio a Francis interfectus est: regnum Tolosanum destructum est". La traducción es clara: "El rey Alarico fue muerto en combate por los francos; el Reino de Tolosa fue destruido". Este pasaje es especialmente relevante porque constituye la primera aparición conocida de la denominación "Regnum Tolosanum" en una fuente conservada.
El contexto en el que aparece ayuda a comprender el significado de la expresión. El cronista no está definiendo el nombre oficial de la monarquía, sino describiendo una etapa histórica que acaba de concluir. La derrota de Vouillé comportó la pérdida de Tolosa, que había sido el principal centro político de los visigodos durante casi un siglo. Al referirse al "Reino de Tolosa", el cronista identifica retrospectivamente aquel período con la ciudad que había sido su capital de hecho.
Esta manera de referirse al pasado no fue un caso aislado. Más de un siglo después, Isidoro de Sevilla, en su "Historia Gothorum", retomó la misma terminología cuando narró la derrota de Alarico II. También él utilizó la expresión "regnum Tolosanum", lo que demuestra que esta forma de designar retrospectivamente la primera gran etapa territorial del reino visigodo se había consolidado dentro de la tradición historiográfica hispánica.
Sin embargo, ni la "Chronica Caesaraugustana" ni Isidoro sugieren que este hubiera sido el nombre oficial empleado por los propios visigodos. Las fuentes administrativas, la legislación y la titulatura real continúan hablando sistemáticamente del "Regnum Gothorum", es decir, del "Reino de los godos". La expresión "Regnum Tolosanum" cumple una función diferente: permite identificar una fase concreta de la historia de la monarquía, aquella en la que su centro político era Tolosa.
Por lo tanto, existen fuentes contemporáneas de los visigodos que nos hablan del "Reino de Tolosa": la "Chronica Caesaraugustana" es una fuente del siglo VI d. C., es decir, muy cercana a los hechos que explica, e Isidoro de Sevilla escribe en el siglo VII, cuando todavía existe la monarquía visigoda. Ambas son fuentes visigóticas o hispanovisigóticas que emplean "Regnum Tolosanum". Lo que no podemos afirmar es que ese fuera el nombre oficial del reino utilizado por la cancillería o por los propios reyes.
En cambio, como hemos visto antes, las menciones al "Reino de Toledo" no las encontramos hasta los siglos XI y XII d. C. y, además, no hacen referencia a los visigodos, sino a la monarquía medieval leonesa-castellana. Una invención historiográfica con unas claras intenciones políticas.
Un artículo de Bel·lònides.
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